Javier Gómez Graterol: Conciencia adormecida por el pecado
El pecado adormece la conciencia, no la mata, no la elimina, no la extirpa del ser. Eso se da porque Dios mismo lo dijo: Escribiré mi ley en sus corazones ( Jeremías 31,33, Hb 10,16 ). Aún así, el pecado puede llegar a adormecer la conciencia de tal modo que incluso podamos llegar a sentirnos orgullosos del pecado que estamos cometiendo. “Al dirigir nuestra mirada ahora al mundo contemporáneo, debemos constatar que en él la conciencia del pecado se ha debilitado notablemente” ( Juan Pablo II ). Podemos creer que estamos bien, sin darnos cuenta de que nuestro pecado actual nos está corroyendo. El resentimiento, la soberbia, la falta de perdón, heridas internas no sanadas pueden llevar también a vivir alejados de Dios “el drama de la situación contemporánea, que da la impresión de abandonar algunos valores morales fundamentales, depende en gran parte de la pérdida del sentido del pecado” ( Juan Pablo II ). La ingeniería social actual, impulsad...