Javier Gómez Graterol: El lado duro de hacer caridad
El padre Joseph Levine dijo muy sabiamente que: “una de las cosas dolorosas de ser párroco es el descubrimiento de que no se pueden resolver todos los problemas. A menudo, lo mejor que puede hacer es dar a alguien esperanza y aliento en medio de su sufrimiento, si están dispuestos a recibirlo”. Esta frase me ha dado muchas vueltas en la cabeza, sobre todo porque los venezolanos vivimos una realidad en la que tenemos cientos de manos extendidas, mendigando a diario, y porque ya nos “acostumbramos” a ver todos los días gente comiendo de la basura. Hacer caridad en Venezuela es duro y difícil. Es ver que los recursos que se tienen para llevar la propia vida no alcanzan, y que hay que perder mucho tiempo haciendo filas para adquirir lo más básico, como por ejemplo un pan, y luego, al salir de la panadería, conseguir una mano tendida que te pide les un pan, luego de que has pasado tiempo haciendo la fila y, como cristiano verte en el entredicho de negár...