Javier Gómez Graterol: Reavivar la conciencia
“Feliz aquel a quien su conciencia no reprocha, y que no queda corrido en su esperanza” ( Eclesiástico 14,2). Uno de los efectos más notorios de muchos pecados es el del adormecimiento de la conciencia, al punto de que esto nos hace caer y formar parte en lo que Benedicto XVI (Dios lo tenga en la gloria) llamaba la “dictadura del relativismo”. Como cristianos estamos llamados a una constante revisión y vigilancia de nuestras propias acciones. Pablo de Tarso decía: “...yo también me esfuerzo por tener constantemente una conciencia limpia ante Dios y ante los hombres” ( Hch 24,15 ). En esta época actual es posible que hasta terminemos sintiéndonos orgullosos de ser unos pecadores y por ello nada hagamos para mejorar. La Biblia misma advierte las consecuencias de vivir con la conciencia adormecida: “Cobarde es, en efecto, la maldad y ella a sí misma se condena; acosada por la conciencia imagina siempre lo peor; pues no es otra cosa el miedo ...