Javier Gómez Graterol: La tragedia de un día de trabajo en Venezuela
Levantarse: agradecer al cielo que hay agua y luz, porque constantemente fallan. Bañarse con jabón azul, porque los jabones normales están por los cielos, (quien les escribe ha estado una semana tratando de encontrar en alguna parte un champú normal, porque los que hay son imitaciones baratas que amenazan con la salud del poco cabello que me queda). Salir, enterarse de que hay una huelga de chóferes de transporte público que tiene colapsada la ciudad, y por lo tanto hay retrasos y trancones en todas partes. Llegar al trabajo y revisar que si hay internet. Ver cómo cada uno de los que labora contigo llega a diferentes horas o simplemente no llegan porque no consiguieron en qué moverse por el paro, y las alternativas cobran lo que quieren, y hay un detalle: no hay efectivo, escasea, para pagar. Los bancos ponen un límite diario de efectivo, sea por taquilla o por cajero ( los cuales son eternos centros de peregrinación ) y cuando lo consigues ya rebasa tus necesidades diar...