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Mostrando las entradas etiquetadas como generosidad

Javier Gómez Graterol: Acumulando para después

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     Dos frases han cambiado mi vida desde que las escuché: De William Shakespeare, aquella que dice “tener algo para recordarte significa admitir que puedo llegar a olvidarte” y la otra, de una amiga y profesora, Normedys Lara, quien suele decir “si no te hace falta en un año, no lo hará en dos”.    En mis años universitarios, cuando había poder adquisitivo en Venezuela para “lujos”, como cereales de Kellogs en casa, algunas de esas cajas solían venir con juguetitos. Nosotros solíamos sacarlos y, sin siquiera quitarles el envoltorio, los poníamos en un frasco de vidrio, el cual acumuló más de quince, y nadie le prestaba atención.    En una jornada de “botar lo viejo” familiar, le dijimos a uno de los empleados del edificio donde trabajábamos si quería llevarse cosas de las que íbamos a salir, él fue y empezó a ver qué le estábamos dando y, cuando vio los juguetitos, nos miró con expresión de auténtica perplejidad, y como para asegurarse, nos preguntó...

Javier Gómez Graterol: Compartir en tiempos de crisis

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     La situación actual de muchos países me recuerda el capítulo 3 del libro de Isaías, en especial la parte que dice: “Les pondré como jefes a unos chiquillos y a unos petulantes para que los manden” ( v. 4 ) y la de “¡Oh, pueblo mío!, los que debían guiar tus pasos te hacen desviarte y echan a perder el camino que sigues” ( v. 11 ). Fácilmente podemos leer este capítulo poniéndole el nombre de cualquier país actual, en especial donde la peste comunista se hizo con el poder, y ver que da lo mismo.    De ese capítulo también puede rescatarse: “Digan: «Feliz el justo, pues comerá el fruto de sus obras»; pero: «Pobre del malo, porque le irá mal, y será tratado según las obras de sus manos»”.    En la crisis actual debemos, como ya he venido insistiendo, en primer lugar, orar incansablemente por nuestras autoridades ( 1Tim 2,1-4 ) y empezar a practicar la generosidad cristiana. Sobre las bendiciones de Dios por ser generosos tenemos:    Biblia...

Javier Gómez Graterol: A pesar de todo, se puede hacer: lo que se puede...

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  El comunismo, ya lo he dicho antes, es un programa destinado a sembrar desesperanza en su ciudadanía, desamor, egoísmo y atomizar, para que así se acepte resignadamente el constante abuso al cual su su ciudadanía se ve sometido. Caer en este juego de desesperanza, -y más cuando se ignora cómo procede, porque lo hace desde las sombras-, es fácil. Destruir, deshacer, y hacer el mal siempre será más fácil que hacer el bien, “la bondad es eternamente difícil, decía Anne Rice en una de sus novelas. Lo que hace meritorio ser bueno es que se puede optar por ser malo. El hecho de que ser bueno sea más difícil que ser malo es precisamente lo que hace que el bien brille, se destaque y sea temido cuando se hace. El mal obra en la oscuridad, le teme a la luz, las obras buenas brillan con luz propia. El bien, igual que el mal, tienen algo en común: comienzan desde lo poco. El mal, con pequeñas acciones que, a la vista de una perspectiva relativista, de la soberbia, y el creernos siempre...