Javier Gómez Graterol: Ashley Madison y la confesión
El escándalo de Ashley Madison tiene muchas lecturas para dársele: una de ellas es que es un síntoma revelador de cuán vulnerada está la familia en las sociedades desarrolladas, centradas en convertir a sus ciudadanos en consumidores. Dice también el dicho: Mal paga el diablo a quien bien le sirve. El famoso portal no solo exhortaba al pecado, sino que impunemente extorsionaba a sus “víctimas”: detrás de la supuesta confidencialidad que aseguraba, cobraba a sus víctimas por el supuesto borrado total de sus datos. Otra lectura es que seguimos negados a ver que el “Gran Hermano”, profetizado por Orson Welles en “1984”, llegó para quedarse. Se mete cada día entre nosotros y sabe más y más de nosotros con tanta precisión que a veces resulta escalofriante. Una de las lecturas más indirectas que doy es la de la gente que dice “¿Por qué he de confesarle mis pecados a un hombre que puede ser tanto o más pecador que yo?”, en referencia a confesarse con un sacerdote. La respuesta es...