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Javier Gómez Graterol: ¿Por qué, Señor, si yo te sirvo?

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     Una constante que suele verse en muchas personas activas en la Iglesia es que, cuando les sobreviene una prueba fuerte, suelen hacer el cuestionamiento “¿por qué, Señor, si yo te sirvo?”. Como si servir a Dios fuese un sinónimo inmediato de que no van a ser tocados por ningún mal, o no van a ser probados con nada, pue después de todo “yo soy bueno, porque te sirvo”.    A este tipo de personas hay que recordarles que el mismísimo Papa Francisco acaba de salir de una operación tan delicada, que, como siempre, la prensa detractora y algunos de los comunes chismógrafos y detractores de la Iglesia, ya están hablando de una posible renuncia.    Poco antes, su predecesor, Benedicto XVI , tuvo prohibido hacer vuelos trasatlánticos porque su cerebro no aguantaría y podría sufrir embolia. Juan Pablo II , ahora “san”, sufrió varios atentados, el más sonado fue el de los balazos de Mehmet Ali Agca, quien casi lo manda para el otro lado, y que obviamente le de...

Javier Gómez Graterol: Acumulando para después

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     Dos frases han cambiado mi vida desde que las escuché: De William Shakespeare, aquella que dice “tener algo para recordarte significa admitir que puedo llegar a olvidarte” y la otra, de una amiga y profesora, Normedys Lara, quien suele decir “si no te hace falta en un año, no lo hará en dos”.    En mis años universitarios, cuando había poder adquisitivo en Venezuela para “lujos”, como cereales de Kellogs en casa, algunas de esas cajas solían venir con juguetitos. Nosotros solíamos sacarlos y, sin siquiera quitarles el envoltorio, los poníamos en un frasco de vidrio, el cual acumuló más de quince, y nadie le prestaba atención.    En una jornada de “botar lo viejo” familiar, le dijimos a uno de los empleados del edificio donde trabajábamos si quería llevarse cosas de las que íbamos a salir, él fue y empezó a ver qué le estábamos dando y, cuando vio los juguetitos, nos miró con expresión de auténtica perplejidad, y como para asegurarse, nos preguntó...

Javier Gómez Graterol: ¡Ya soy diácono!

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  Por gracia de Dios, el 24 de junio, solemnidad de San Juan Bautista, recibí el ministerio del diaconado en la Iglesia Católica. Diaconado viene del griego diákonos ( sirvient e): soy un ministro consagrado que ha recibido el primer grado del llamado orden saerdotal, y al que se le ha confiado de manera especial las obras de caridad. Los términos «diácono» y «diaconía» se usan constantemente en el Nuevo Testamento Testamento en el sentido general de «servidor» y de «servicio». El diaconado, dentro del orden sacerdotal, es «una nueva consagración a Dios», mediante la cual quienes reciben este ministerio han sido «consagrados por la unción del Espíritu Santo y enviados por Cristo», al servicio del Pueblo de Dios, «para edificación del cuerpo de Cristo» ( Ef 4,12 ). Vivir el diaconado es hacer vida las palabras Jesús respecto a su misión: «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos ( Mc 10, 45; Mt 20, 28 )», y la vir...