Cuando la agresividad es espectáculo

La reciente foto viral de una madre apuntando a su hija, con una pistola, por las redes sociales hizo saltar muchos comentarios de condena, muchos de ellos incluso más agresivos y vívidos en su descripción de castigos para ella, que dejaban ver que quienes los hacían tienen también una alta carga de agresividad reprimida.
Podría parecer incluso que llevamos en la sangre una alta carga de agresividad, simplemente veamos que la historia nos ofrece ejemplos de morbo humano por la sangre, como por ejemplo, el Circo Romano, donde miles de personas morían destrozadas en los combates a muerte. Los cuales pueden verse en las morbosas y magnificadas reconstrucciones en series como Espartaco, donde los espectadores pueden “deleitarse” viendo como ralentizan los salpicones de sangre; deportes violentos como el boxeo, etc., violencia y agresividad contra los animales vistos en casos horribles de maltrato animal, que superan incluso la misma agresividad del animal mismo.
El hombre parece llevar la violencia dentro de sí, como algo de su ser primitivo, pero lo distintivo del ser humano es que es, al parecer, el único animal que puede ir en contra de sus propios impulsos, y no dejarse dominar por su naturaleza animal. Para el cristiano, el hombre, cuanto más se aleja del modelo de Jesús, se animaliza, mientras que, al acercarse más, se hace más humano, puesto que se acerca al modelo perfecto de hombre y humano, por lo tanto, la mejor manera de canalizar nuestros impulsos primitivos y animalizadores es el acercamiento a Jesucristo y a su gracia. Después de todo, fue la expansión del cristianismo la que acabó con el Circo Romano y con el Imperio mismo.
Javier Gómez, religioso paulino
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 19/9/2013. Publicado inicialmente en El Sol de Bolivia https://issuu.com/el-sol
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