Javier Gómez Graterol: ¿Permiso para la libertad o el libertinaje?
El activismo por la libertad sexual de la mujer contiene a veces cuestiones ominosas: Al proclamar que la mujer tiene derecho a disfrutar de su sexualidad sin ser cuestionada, por ser virgen o, a tener sexo cuando quiera o no, y a tener derecho de abortar o no, encubre un raro deseo de ser tratada como objeto sin ser cuestionada.
El sexo en el humano, por ser entre personas, tiene dignidad. Si cualquiera, como macho machista (o mujer feminista), desea tener sexo con otro, sin compromisos, está deseando usar al otro como objeto sexual inmediato para satisfacer su egoísmo, para decirlo de una forma fuerte: “masturbarse con el otro” y luego dejarle de lado. Así, ambos se “usan” sin responsabilidad. Algunas mujeres quieren proclamar que pueden ser igual al hombre en eso, y con esto parecen pedir que a ellas no se les cuestione que que el hombre pueda utilizarles a sus anchas como objetos de placer y, si salen embarazadas, puedan abortar libremente, porque la consigna es “descolonizar el cuerpo”, ¿se oye ilógico o no?
Eso de “ambos podemos usarnos para el placer”, “placer sin tener que parir”, es decir, sexo sin ataduras, “usémonos libremente”, resta al sexo y a la sexualidad su dignidad y sentido. Hay conciencia de ello: no es en vano que las estadísticas digan que el 90 % de las mujeres y 77 % de los hombres en EE.UU. afirman haber lamentado las circunstancias de su “primera vez”.
La solución no pasa por dejar que la mujer proclame que también puede ser un objeto si lo desea, pasa por devolver al sexo su sentido según el plan de Dios.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 18/7/2014. Publicado inicialmente en El Sol de Bolivia https://issuu.com/el-sol

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