Javier Gómez Graterol: Por qué no dono sangre
Una de las actividades que como cristiano me ha gustado siempre hacer es donar sangre: estadísticamente es siempre escasa, se salvan muchas vidas con ello, y es algo fácil de hacer. He sido donante regular en Venezuela.
Siendo donante regular ya estaba acostumbrado a las típicas preguntas de rigor, al pinchazo en el dedo, con el cual tomaban una mínima muestra de sangre y me decían a los diez minutos de comprobación si yo era capaz de donar o no. Este procedimiento se hace también así en Colombia donde estuve viviendo un año.
Cuando llegué aquí a Santa Cruz de la Sierra, estuve viviendo en el séptimo anillo, y la primera vez que fui a donar, me consigo con la desesperante noticia de que debo tomarme primero una muestra de sangre en la mañana y luego en la tarde ir a donar. Siendo un vulgar usuario del transporte público, que vivía en el 7mo anillo y la clínica quedaba en el 2do, pues no me hizo mucha gracia la noticia. Así que solo he donado dos veces, la primera vez que fui, y la segunda en las jornadas que organiza la Iglesia, que fueron en la Manzana 1.
Ahora vivo más cerca de esa clínica y, sin embargo, la última vez que fui, aparté el día, me tomaron la muestra, me salió algo de última hora y no pude ir esa tarde. Fui al día siguiente y me conseguí un cartelito que decía que no se aceptaba mi tipo de sangre hasta nuevo aviso.
Me fui sinceramente molesto, no es posible que, siendo la sangre un problema de salud pública, el sistema de recolección de la misma sea tan primitivo.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 27/2/2014. Publicado inicialmente en El Sol de Bolivia https://issuu.com/el-sol

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