Javier Gómez Graterol: ¿Qué sucede si maldices?

Escuché a una madre de clase baja decirle a su hijita y a su hijito, en medio de la pelea infantil que tenían armada, a la niña “No le haga caso ¿no ve que usted también es dañina?”, y luego al niño “h. de p., maldito de m...”. Me horrorizó escuchar eso: por un lado, porque me habló de la clase de valores y principios que hacen que la gente de bajos recursos se quede estancada en la pobreza (baja autoestima), y por el otro por la ligereza con la cual utilizó la palabra “maldito” para dirigirse a su hijo.
Como alguien a quien le ha interesado siempre el tema del ocultismo y la demonología, me dio cierto escalofrío. La lectura de tales temas me llevaron a tener un gran respeto a dos palabras: “maldecir” y “bendecir” en cualquiera de sus conjugaciones.
Los medios de comunicación, sobre todo las novelas con las que suelen atiborrar a la audiencia, y muchos programas infantiles, en especial si son caricaturas japonesas, están llenos de constantes “maldiciones” pronunciadas con una ligereza que asombra.
Decía el padre Pío de Petrelcina que el demonio es como un perro encadenado, te hace daño si te acercas a él. Quien ha leído sobre el tema de los exorcismos y algo de demonología, sabe que maldecir nos acerca al demonio y a los males que oprimen al ser humano. Yo opté por suprimir esta palabra de mi vocabulario.
El mensaje bíblico es claro, si de usted salen maldiciones, no espere recibir ningún bien, ya que el primer perjudicado es quien maldice: “Lo que entra por la boca no hace impura a la persona, pero sí mancha a la persona lo que sale de su boca». Mt 15,11. También nos hace la invitación urgente: Bendigan a quienes los persigan; bendigan y no maldigan (Rm 12,14).
Autor:
Javier Gómez, religioso paulino
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 11/10/2013. Publicado inicialmente en El Sol de Bolivia https://issuu.com/el-sol
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