Javier Gómez Graterol: Un absurdo como aguinaldo
Dice el viejo adagio de estrategia militar: El enemigo de mi enemigo es mi amigo. La pobreza es un flagelo que a todos atañe, en especial a todos los gobiernos, y la Iglesia lo combate, desde sus causas hasta sus consecuencias, con sus múltiples apostolados y de formas gerencialmente más efectivas que cualquier otra institución en el planeta, además de eso, ¡tiene 2014 años de experiencia!
Lejos de recibir el apoyo del Gobierno quien es la principal entidad que debería estar interesada en erradicar la pobreza, el enemigo en común, recibe respuestas absurdas y acusaciones que no tienen ni pies ni cabeza. Cada una de las instituciones de la Iglesia que manejan recursos puede dar cuenta con precisión de los recursos que utiliza, que cualquier institución del Gobierno. Esta misma precisión para dar cuenta es la que sirve de base para su fiabilidad en cuanto a que cualquier aporte que el Gobierno haga no sería más que una inversión.
Está históricamente demostrado que los gobiernos que intentan hacerse cargo de todo y desmantelar las demás instituciones han terminado tanto en el fracaso económico como en el totalitarismo. Lo peor de todo es que terminan haciéndolo peor que toda institución que desmantelan. El caso de Venezuela es uno de los más recientes y emblemáticos.
Más que afectarse la Iglesia se afecta a sus empleados. El Gobierno debería sentirse avergonzado, y recordar que la historia registrará para siempre que éste, ostentando haber logrado prosperidad económica y tener recursos, se negó a ayudar a una institución de caridad que no le estaba pidiendo un imposible.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 21/11/2014. Publicado inicialmente en El Sol de Bolivia https://issuu.com/el-sol

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