Javier Gómez Graterol: Y me pegó la melancolía

 

Una de las escenas más hermosas de la película Kung fu Panda, es cuando el papá del panda Po le revela a su hijo que el “ingrediente secreto” de su comida es el amor con el que la hacía. Se sabe que la mejor forma de entender a alguien que siente y lograr la empatía perfecta es sintiendo lo mismo que él siente.

Esta semana me encontré preparándome un poco de avena para mi desayuno, y mientras lo hacía, viendo la clásica cara del cuáquero simpaticón de la tapa me invadió la melancolía. Recordé mis desayunos familiares, a mi viejo preparándonos avena, para nuestros desayunos de fin de semana, de la infancia, e imediatamente supe que mi propia avena nunca me sabrá igual que la suya.

Se me hizo un nudo en la garganta. Me sentí invadido por la nostalgia de mi familia. Ese es uno de las cosas más duras que debe vivir un religioso, especialmente si es misionero. La separación de la familia, para vivir con una comunidad de miembros que no eliges tú, sino Dios.

Pensé también en muchos religiosos que estamos en la misma situación que yo, y que, en cualquier momento de su día pueden verse también invadidos por la nostalgia y el cansancio de muchas veces sentir que remamos contra corriente. Por ello quiero pedirle a usted, querido lector, que tenga en cuenta esto al momento de juzgar a un misionero, usted no tiene idea de lo que han dejado detrás ni de cuál es su historia. Ore por cada uno de nosotros, a veces, al igual que cualquier otro ser humano, necesitamos de pequeños gestos como un abrazo. Con la xenofobia hacemos nada. Venimos a integrarnos al país, y me consta que muchos de nosotros luchamos más que algunos nativos de esta tierra por un mejor lugar: Aquél al cual somos enviados.

Autor:

Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra

Escrito el 18/9/2014. Publicado inicialmente en El Sol de Bolivia https://issuu.com/el-sol


Comentarios

Entradas populares de este blog

Javier Gómez Graterol: Hugh y las “feminazis”

Javier Gómez Graterol: La insólita estrategia de Playboy

Javier Gómez Graterol: Si ser cristiano es peligroso, una vida sin sentido lo es más