Javier Gómez Graterol: El escándalo antes del Sínodo

 

Empieza el Sínodo de la Familia, precedido por las declaraciones de monseñor Krysztof Charamasa: "Quiero que la Iglesia y mi comunidad sepan quién soy: un sacerdote homosexual, feliz y orgulloso de su propia identidad".

Esa frase tiene varias cuestiones analizables: 1. Un amigo filósofo nos hizo este razonamiento, hace más de diez años: “no hay policía corrupto”, todos dijimos en aquel entonces “¡¿qué?! ¿Estás loco?”. Y él nos dijo: “No hay policía corrupto, hay corruptos que se meten a policías: Si el policía es policía, no es corrupto”. Algo similar puede aplicarse en este caso. Si un médico se dedica a matar pacientes, a pesar de tener el título, no está “siendo” médico.

2. Desde la fe, Jesús nos dice: “El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,25). Más drástico: “Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo; te es mejor entrar al Reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno” (Mc 9,47, dura invitación a alejarse de lo que hace pecar). Los religiosos hemos sido llamados por Dios para encarnar estos mandatos. Aceptamos vivir el celibato, no por obligación, pero, por ser humanos, es claro que podemos tener caídas.

3. Por último: Detrás de todo sacerdote, o religioso(a) caído, en cualquiera de sus circunstancias, hay comunidades que no están rezando por ellos. Siempre que veo a alguien hablar de los pecados de un sacerdote o de sus autoridades, los remito a 1 Timoteo 2,1-3. recalcándoles que esta recomendación de orar por todas nuestras autoridades es para todos, y en la Biblia es presentada como una forma de vivir una vida digna.

Autor:

Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra

Escrito el 5/10/2015. Publicado inicialmente en El Sol de Bolivia https://issuu.com/el-sol


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