Javier Gómez Graterol: “Buena” devoción… “mala” devoción...

 

A manera de “catarsis”, describiré qué hace a una devoción más popular que otra. Hace más de dos mil años Jesús estableció la diferencia: multiplicó el pan, y quisieron nombrarlo rey. No bien pronunció el discurso de la cruz y no lo entendieron ni sus apóstoles.

Los sacerdotes y religiosos podemos hacer lo mismo, decimos: “colaboren para la causa “X” y tendrán un tesoro en el Cielo, no juntaremos ni una moneda. Decimos: Colaboren y el Señor se los multiplicará en prosperidad (material), es más probable que tengamos el arca rebosando.

Si queremos propagar la devoción a un santo o a algo y decimos: san “Pochito” te ayudará a ser más como Cristo en el amor al prójimo, las estampitas quedarán llevando polvo. Decimos: san “Loterito” es el patrono de los que juegan la lotería, o te traerá prosperidad, o te alejará los ladrones, y veremos las estampitas ir de un lado para otro, aún peor: aparecerán subrepticiamente en los templos con la consabida afirmación que por sacar tanto número de copias, te vendrán miles de favores, y que si no lo haces: te vendrán desgracias (!).

Si atañe al sufrimiento: decir que la devoción al pañal de Cristo, con el cual la Virgen alivió a una gallinita que tenia la pata quebrada cuando, una vez que lo cambió, le cayó encima a esta cuando iba pasando cerca de ellos en el pesebre, y uno de los pastores lo conservó al ver el milagro, es más fácil de ser creída, que hablar de que no hay cristianismo sin cruz y que el sufrimiento adquiere sentido en Cristo quien nos ayuda a soportarlo

De fondo siempre va a estar presente una cruda verdad: Toda “devoción” que ofrezca remedios cortoplacistas e inmediatos a problemas terrenales y personales será siempre más popular que cualquiera que hable de profundizar en el proceso de hacernos similares a Cristo. Es por ello que fácilmente se cuelan devociones nada cristianas en nuestras iglesias y se hacen populares entre sus miembros más “devotos”, incluso los más activos dentro de sus movimientos. Lo he visto y lamentado al ver propagarse creencias como las del “rosario para sanar las generaciones pasadas” que predica un Dios que nos hace pagar pecados de mis antepasados, es decir, que si mi abuelo pecó, yo debo pagar su pecado además de los míos (?), pero de fondo es popular porque me quita la responsabilidad de mis propios actos, y me hace sentir aliviado y decir: Ah, me está yendo mal en mi familia no porque estoy siendo un zopenco de primera, sino porque mi abuelo tiene la culpa. Triste lado devocional, pero así somos.

Autor:

Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra

Escrito el 26/5/2016. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

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