Javier Gómez Graterol: La cara más incomprensible de la santidad

 

Dice la Escritura: que las locuras de Dios tienen más sabiduría que los hombres (1 Cor 1,25), y es precisamente por eso que una de las cosas que más extrañas nos resultan a todos, como humanos limitados, rencorosos e imperfectos, es la santidad, y la principal razón por la cual esta nos escandaliza tanto es porque no la comprendemos bien.

El principal aspecto que hay que comprender es que es un proceso que dura toda la vida: Pablo de Tarso se queja en sus escritos, años después de haber tenido la experiencia de Jesús, de su gran tendencia a pecar y de hacer el mal que no quería y dejar de hacer el bien que sí quería hacer (Rm 7,19-25), y Pablo ¡vio a Cristo!

También nos dice Pablo que la santidad no es una condición permanente: requiere preparación constante y, si nos descuidamos, podemos retroceder y/o caer (1 Cor 9,24-27). Si esto no se comprende, no se comprenderá entonces que los que ahora son santos también cometieron grandísimos errores, que a veces se separaron de Dios y volvieron a pecar, pero luego esta caída hizo que tornasen a Él y volviesen humildemente a caminar hacia Él, obtuviesen su perdón, y recuperasen su santidad. Una ley física dice: Mientras más alto subes, más dura es la caída.

Las caídas de cualquiera que diga estar en los caminos de Dios siempre causarán escándalo, en especial a quienes fueron víctimas de esas caídas, y a quienes usan esas caídas e imperfecciones para convencerse a sí mismos de que están bien tal como están, salvo que los segundos tenderán más que los primeros a propagar los errores cometidos por quienes caen.

¿Por qué entonces la Madre Teresa y su “oscuro pasado”, Pablo de Tarso, antiguo perseguidor, Pedro el negador, alcanzaron la santidad? Porque perseveraron en Dios hasta la muerte, y porque, cuando cayeron, se levantaron y siguieron ante Dios.

Durante mi estadía en Bolivia, como religioso, he cometido errores, caídas, y he escandalizado a algunos. Debo concienciarlo y vivir con ello, trabajando para repararlas. Estas caídas me han servido de doloroso aprendizaje sobre mi naturaleza. Humildemente he pedido a Dios que me haga saber si la vida religiosa es mi camino, dada la gravedad de algunas, y Dios me ha confirmado con señales que esto es lo que quiere para mí. Me encuentro próximo a hacer mis votos perpetuos, y por ello pido oraciones por mí y por todos los religiosos, pecadores todos, para que Dios nos ayude a alejarnos de toda tentación y perseverar en santidad en sus caminos.

Autor:

Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra

Escrito el 16/9/2016. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

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