Javier Gómez Graterol: Los confusos límites de la tolerancia actual


 Se cuenta que en la Magna Grecia, en el sur de Italia, en Silicia, hubo un tirano llamado Dionisio quien se creía un gran poeta. A ello contribuía la adulación que le profesaba su círculo más íntimo. Solamente el poeta y filósofo Filógenes era sincero ante el tirano.

En una ocasión, al final de un banquete, Filógenes escuchó los malos versos de Dionisio y no pudo ocultar una mueca de burla y desprecio. El tirano le preguntó por qué no aplaudía, y él respondió que sus versos eran un adefesio y no servían para nada.

Dionisio se enfadó muchísimo por la actitud del poeta, le acusó de envidioso y por eso le condenaron a echar pico y pala en las canteras de del Etna. Dos años después, gracias a la intervención de los cortesanos y a insistencia de la gente, fue perdonado y traído de nuevo a la corte.

Volvió Dionisio en otra ocasión a leer otra horrible composición y sus cortesanos aplaudieron entusiasmados. Consultado el silencioso Filógenes, sólo dijo: “¿Mi opinión? Que me lleven otra vez a las canteras”.

En la época actual, cuando muchos evitan discutir simplemente porque en su mayoría carecen de argumentos, donde más de uno utiliza vagamente términos de moda como “bullying”, “tolerencia” y respeto a las posiciones del otro, y donde a veces no se discute con argumentos lógicos y racionales sino que se apela a la emoción y a frases cortas y prehechas del tipo “cada quien tiene derecho a tener su postura”, ¿quién se atreve a cuestionar y a ser cuestionado? Vale la pena que nos preguntemos de cuando en cuando por la calidad de nuestros argumentos, el valor de nuestras posturas y nuestro valor para defenderlas.

Autor:

Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra

Escrito el 18/1/2016. Publicado inicialmente en El Sol de Bolivia https://issuu.com/el-sol

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