Javier Gómez Graterol: Walking dead a la venezolana
Toda serie de zombis moderna, que se respete a sí misma empieza con un virus que se expande a través de la mordida (atrás quedó el vudú o la brujería como explicación original) no es difícil imaginarlo difícil de un ataque zombi en Venezuela.
Empecemos por lo básico: si el ataque comienza con un paciente cero en Caracas, su capital, y empieza por el metro, la expansión dependería de si el paciente cero empezó antes de entrar o saliendo del mismo. Si un zombi intenta salir, se vería arrollado por quien intenta entrar, si intenta entrar, la falta de espacio haría que solo pudiese morder a quien quedó en la puerta luchando por machacar al otro para hacerse un espacio, pero este siempre sería empujado por quienes salen.
Si la infección logra expandirse: cualquiera está armado, y cualquiera está dispuesto a linchar, en parte para hacer justicia por cuenta propia, porque la institucional falla, o también para liberar la rabia reprimida. Dudo que pocos le huyan a un zombi para perder su puesto en la fila del Mercal, así que es más probable que entre todos lo maten y quemen.
Si el zombi está decentemente vestido es probable que muera a manos de dos malandros que pasen, lo vean y le peguen un tiro en la cabeza sin preguntar mucho. Sólo con comentarse ¿Le viste los zapatos a ese? Decirle “quieto, y no te me pongas Popy (payaso)”, ver que no hace caso, le den un “pepazo” (tiro) en la cabeza, lo revisen y tal vez desnuden, para despojarlo de sus pertenencias sin siquiera haberse dado cuenta de si era zombi o no, tal vez sea confundido con un borracho trasnochado por su rara forma de comportarse. También habría civiles muertos en ajustes de cuentas o ajusticiamientos que luego serían declarados zombis.
Como también estamos acostumbrados a vivir entre rejas de protección en nuestras casas, eso frenaría un poco la expansión. El problema es que el colapso eléctrico, la falta de alimentos y medicinas, un ejército surtido con las sobras de la Rusia comunista haría más que muriésemos por desidia que por el ataque en sí. Muchos ya vendieron sus cerebros, así que muchos zombis morirían por inanición. Triste nuestro caso, que Dios nos agarre confesados.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 28/4/2016. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez

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