Javier Gómez Graterol: Comunismo inmisericorde
El comunismo en Venezuela está mostrando su lado más brutal y salvaje: dos bomberos, -servidores públicos que luchan por la vida; que ejercen una profesión subpagada en nuestro país, de riesgo; sin una estructura que verdaderamente los soporte, porque ninguna estación de bomberos es capaz actualmente de cubrir el cien por ciento de las necesidades reales de las áreas que se supone que cubren- fueron condenados a nada más y nada menos que ¡veinte años de prisión! Por el gobierno venezolano.
¿El delito? Haber difundido en las redes sociales un vídeo donde paseaban un burro por su cuartel diciendo que era una visita del presidente para inspeccionar la instalación. Tal vídeo fue considerado una “instigación al odio”, y por ello recibieron una condena inmisericorde. A estas alturas los familiares de ambos funcionarios no saben dónde se encuentran recluidos, y temen por sus vidas.
Esta condena bestial forma parte de la siembra de miedo y del policía mental autocensor que todo gobierno comunista pretende insertar en la mente de cada uno de sus ciudadanos. El comunismo crea seres apáticos, miedosos, sin ansias de lucha ni superación, pendientes de las dádivas que les tira el gobierno, como perros esperando lo que cae de la mesa de sus amos y luego agitando la cola por haberlo recibido.
Lo más triste es que, luego la traición recibida hace más de un año por parte de los líderes de la supuesta “oposición oficial”, el desánimo pulula tanto que no ha habido ninguna reacción contundente de parte de la ciudadanía, y lo que es peor, muchos aún no están enterados de lo que pasa. En redes hay quienes preguntan todavía quiénes son esos y qué fue lo que hicieron.
Mientras tanto: el pueblo se siente humillado por haber visto a Maduro comer en un restaurante famoso, recibir regalos costosos de parte del chef del restaurante, darse la buena vida, pagando más de quinientos dólares por plato. Luego se le ve en una rueda de prensa pretendiendo humillar a un colega de la Universidad Católica Andrés Bello, preguntándole dónde se graduó, por haberse referido a este caso de los bomberos durante esa rueda de prensa, para dejar muy claramente que esa pregunta no se la iba a responder.
Dice un viejo adagio popular, de origen chino: no hay fuego pequeño. A pesar de que no hay una acción inmediata de parte de la ciudadanía, la esperanza que hay es que tal indignación causada se propague y haga despertar más de una conciencia adormecida y nos haga recuperar el deseo de lucha. Dios nos ayude con esto, porque el panorama luce todavía muy oscuro. Amanecerá y veremos. Dios con nosotros.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 21/9/2018. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez

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