Javier Gómez Graterol: El lado duro de hacer caridad

         El padre Joseph Levine dijo muy sabiamente que: “una de las cosas dolorosas de ser párroco es el descubrimiento de que no se pueden resolver todos los problemas. A menudo, lo mejor que puede hacer es dar a alguien esperanza y aliento en medio de su sufrimiento, si están dispuestos a recibirlo”.

Esta frase me ha dado muchas vueltas en la cabeza, sobre todo porque los venezolanos vivimos una realidad en la que tenemos cientos de manos extendidas, mendigando a diario, y porque ya nos “acostumbramos” a ver todos los días gente comiendo de la basura.

Hacer caridad en Venezuela es duro y difícil. Es ver que los recursos que se tienen para llevar la propia vida no alcanzan, y que hay que perder mucho tiempo haciendo filas para adquirir lo más básico, como por ejemplo un pan, y luego, al salir de la panadería, conseguir una mano tendida que te pide les un pan, luego de que has pasado tiempo haciendo la fila y, como cristiano verte en el entredicho de negárselo, como es la natural reacción que todos tenemos por lo mucho que nos costó adquirirlo, y justificarnos con la excusa de que tal vez ese mendigo lo esté haciendo (como de hecho se ha descubierto que muchos lo están haciendo) para juntarlo y venderlo, o simplemente actuar cristianamente y darle uno, para luego conseguirte, a dos o tres pasos, con otro que también te está extendiendo la mano para pedirte uno.

Me decía un religioso que una vez se le ocurrió darle una moneda a un niño mendigo cuando caminaba por las calles de Calcuta y su acompañante, también religioso, le dijo que había cometido un error. No necesitó que el religioso le explicase por qué: En fracciones de segundos apareció un montón de niños con las manos extendidas queriendo también su moneda.

Humanamente trato de hacer lo posible, y pido a Dios que me ayude en lo imposible. La opción que he tomado es la de no darle a ninguno, sino que aparto el diezmo de lo que me asignan en comunidad (que es lo que he decidido destinar a caridad, aparte de mi vida como religioso) y lo doy a alguna institución que sé que hará su parte y canalizará bien los fondos.

Detrás de mi razonamiento está siempre presente aquello de no des un pez sino enseña a pescar, y muchas de estas instituciones practican esto. El papa Francisco sigue siendo tildado de comunista y/o populista por hablar de los pobres con tanta insistencia. Como respuesta simple y resumida siempre digo: no es lo mismo hablar de quitar al rico para darle al pobre, como dicen los marxistas, que “incluir al pobre” en la ecuación de la generación de recursos, que es lo que tan fervientemente pide el Papa. Que Dios nos ayude a ser cada día más caritativos.

Autor:

Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra

Escrito el 3/3/2017. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

http://cutt.ly/javiergomez

Comentarios

Entradas populares de este blog

Javier Gómez Graterol: Hugh y las “feminazis”

Javier Gómez Graterol: La insólita estrategia de Playboy

Javier Gómez Graterol: Si ser cristiano es peligroso, una vida sin sentido lo es más