Javier Gómez Graterol: El satanismo audiovisual (parte 1)


        En el cine y la industria audiovisual también hay gente que trabaja para el satanismo, sea porque venden “lo que vende”, o porque hay gente que directamente tiene pacto con el maligno, es por ello que estas industrias (cine y audiovisual) promueven mentiras y estereotipos precisamente porque “son rentables” y estas mentiras ayudan a engrosar las ganancias.

Cuando de películas de misterio se trata, el mal vende: ese personaje que nos horroriza logra taquilla, y al haberla en abundancia, no puede morir tan fácilmente, es por ello que consigue siempre alguna forma de volver y, mientras más dinero dé, sigue espantando, hasta que el público se canse de él o, como sucede casi siempre, los productores ya no tienen qué inventar y escriben un pésimo guion que hace que la trama apeste y ya nadie quiera verla. El ejemplo más reciente es el de la muñeca Anabelle: su más reciente entrega está siendo apaleada por muchos críticos. Primera mentira entonces: el mal no puede ser derrotado.

Antes los malos en las películas clásicas de misterio solían morir por elementos religiosos, Drácula, y los demás vampiros, solían ser el ejemplo más clásico de eso. Ahora si el elemento religioso aparece es para empeorar la cosa, ¿cómo?: Se manifiesta mediante protagonistas desesperados que cuando acuden a pedir ayuda, se encuentran con algún religioso que actúa cual narcotizado, algo desfasado de la realidad, hace toques cariñosos (generalmente la cara) de quien le habla, sonríe idiotamente cuando le explican la situación y luego hace nada (ej. Acoso del Más Allá).

Si el personaje es sacerdote, y va a bendecir o hacer algo en contra del mal, es atacado por esa fuerza, la cual le aterroriza y hace huir sin siquiera dar explicaciones (Amityville, y Actividad Paranormal, por ejemplo). También aparecen sacerdotes fanáticos que pertenecen a alguna clase de orden secreta que opera ocultamente dentro del Vaticano mismo (quien ya de por sí aparaece como un gran centro de conspiración), y cuando lo hacen, van en contra de alguien a quien tienen fichado como malo, que no necesariamente lo es, o está dudando sobre serlo en realidad (ej. película End of days, series Lucifer, y Titans), pero ellos deben eliminarle a toda costa, y por ello se comportan como idiotas fanáticos compasivos y cariñosos, que soban a las mujeres que hablan con ellos, mientras ponen cara de imbéciles, para explicar sus obtusas razones de por qué debe morir. Si son monjas, son locas que encierran a alguien en un calabozo para que no impida el plan fanático de matar al malo.

Mención especial de idiotez estereotipada en un sacerdote merece “La posesión de Emma Evans”, en la cual la moraleja de la película es algo así como: en caso de estar poseído o perturbado por el mal, haz de todo menos ir donde un exorcista, el remedio es muchísimo peor que la enfermedad. El sacerdote protagonista es el más imbécil de todos los que he visto en las películas que he alcanzado a ver en mi corta vida. El hecho es que el terror vende, y cuando la codicia por la taquilla media, Satanás hace lo suyo para que la mentira siga.

Autor:

Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra

Escrito el 2/8/2019. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

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