Javier Gómez Graterol: La tragedia de un día de trabajo en Venezuela
Levantarse: agradecer al cielo que hay agua y luz, porque constantemente fallan. Bañarse con jabón azul, porque los jabones normales están por los cielos, (quien les escribe ha estado una semana tratando de encontrar en alguna parte un champú normal, porque los que hay son imitaciones baratas que amenazan con la salud del poco cabello que me queda). Salir, enterarse de que hay una huelga de chóferes de transporte público que tiene colapsada la ciudad, y por lo tanto hay retrasos y trancones en todas partes.
Llegar al trabajo y revisar que si hay internet. Ver cómo cada uno de los que labora contigo llega a diferentes horas o simplemente no llegan porque no consiguieron en qué moverse por el paro, y las alternativas cobran lo que quieren, y hay un detalle: no hay efectivo, escasea, para pagar.
Los bancos ponen un límite diario de efectivo, sea por taquilla o por cajero (los cuales son eternos centros de peregrinación) y cuando lo consigues ya rebasa tus necesidades diarias. La tecnología ayuda a paliar un poco la situación: se supone que puedo pagar con el teléfono inteligente (“esmárfon”, como le suelo decir para hacer doler los oídos de quienes saben inglés) pero sacar un teléfono así en cualquier parte es un altísimo riesgo de ganarse la muerte ¡sí, la muerte! Que te maten así no opongas resistencia al asalto, para que no digas nada o intentes rastrearlo. Pagar desde página web bancaria, el teléfono, o por punto de venta, supone lentitud en el proceso debido a que las plataformas colapsan.
Se supone que se podría adelantar trabajo, pero lamentablemente, el internet aquí en la capital, donde mejor funciona, llega a cuentagotas en algunos sectores, simplemente es un suplicio trabajar con él. Quien les escribe ha tratado en lo posible de adelantar tareas, pero en el sector donde vivo se han robado algunos cables, así que falla el servicio y se ha hecho lento e insufrible. Ver un simple video de Youtube implica dejarlo cargar mínimo diez minutos y dar un paseo mientras tanto, para luego llegar y ver si ha cargado por lo menos la mitad.
Ir camino al trabajo es desfilar entre el diario panorama de carros que se accidentan por lo caro que sale la reparación, pasar varias cuadras viendo indigentes comiendo basura y gente que se ha levantado desde temprano para hacer fila por algo que están vendiendo a precio regulado y que por otra vía se consigue carísimo o simplemente no se consigue.
Encender la radio implica escuchar cadenas matutinas del gobierno anunciando sus maravillosos logros, así que aprovecho para hacer oración mental mientras vamos. Todo eso es lo previo a iniciar formalmente la jornada. Esa es Venezuela, Dios salve a Bolivia de caer en lo mismo. Salgan de Evo. Dios les bendiga.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 2/2/2018. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez

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