Javier Gómez Graterol: Mi aversión a un cambio
A partir del 15 de este mes en curso, inicio nueva etapa: se me ha pedido hacer cambio de comunidad. En Venezuela los paulinos tenemos solo dos comunidades, una en Caracas y otra en El Hatillo, a las afueras de esta ciudad, en otro Estado, Miranda, pero usualmente se recorre media hora en movilidad para llegar desde ahí hasta la ciudad.
En la vida religiosa siempre se debe estar abierto al cambio: hoy estás en un lugar, mañana en otro, y hoy puedes estar ejerciendo un cargo que humanamente resulta de gran envergadura e importancia y mañana te puede tocar ser desplazado a otro que podría resultar bastante insignificante. Eso es una constante.
A pesar de lo anterior, mi primera reacción, cuando escuché la noticia, fue de un muy humano y total desacuerdo con la idea. Somaticé un dolor de oído, de quijada, y estuve de mal humor ese día. Lo interesante es que luego, recordé lo que decía un personaje interpretado por Calista Flockhart en televisión: cuando te enfades, trata de ver cuál es el enojo detrás de tu enojo.
Ahí fue cuando pude empezar a “racionalizar” mi enojo inicial, y a desmontar todo lo que me ha resultado amenazante de tal decisión. Ahora estoy en una de intentar salir de mi “zona de confort” actual, y asimilar el cambio. Una de las primeras cosas que me resulta amenazante es la del aislamiento: la vida paulina no es de claustro y, acostumbrado como estoy a Caracas, a “quererla y padecerla” como siempre he dicho que vivo esta ciudad, no me gusta un cambio hacia algo que me resulta apartado de todo.
No es lo mismo cuando uno toma la decisión sobre algo y se compromete con ella, asumiendo cada consecuencia, por muy negativa que sea, a cuando alguien decide por ti, por muy buena que sea la opción, si no la asumes e internalizas tú, esta no te resulta atractiva y no estás dispuesto a asumir nada de lo negativo que venga de ella.
En estos momentos estoy en eso: en asimilar, en tratar de hacer mía la decisión para poder soportar cualquier cosa que me resulte desagradable, porque si no, si no estoy conectado emocionalmente a la idea del cambio, no podré resistirlo, como sí he venido soportando cada cambio que he tenido, y que luego me ha resultado para mi bien y mi provecho.
Usualmente las pruebas duras vienen cuando no nos sentimos preparados para ellas, en estos momentos lo estoy asumiendo como una prueba con la que debo encontrar mi conexión emocional. Pido sus oraciones de apoyo en esta nueva etapa, que francamente, de entrada no me resulta atractiva, para poder pasarla. Sé que si Dios me ha pedido algo que para mí resulta tan extremo y radical, es porque tal vez tiene algo muchísimo mejor, pero no quiero entrar a ella con la sensación que tengo ahora, porque francamente creo que saldré derrotado.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 10/8/2018. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez

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