Javier Gómez Graterol: Mi primo tuvo un choque...
Mi primo tuvo un choque esta semana… en un país bajo el comunismo como Venezuela, significa más que lidiar con seguro, declaraciones legales, hospitalización y avisar a la familia. Aquí significa que: el choque fue en la madrugada, pero yo me enteré a las tres de la tarde de ese día, ¿la razón? Porque tuvimos un corte eléctrico en El Hatillo, donde ahora vivo. Estuvimos sin luz, desde las ocho de la noche anterior, hasta las tres de la tarde, cuando por fin retornó, con ella el wifi, y ahí me llegó el aviso por redes sociales. Mis padres no tienen celular, tengo familiares que tampoco porque hasta el más simple se hace incomprable. Mi papá fue víctima de robo de celular en dos ocasiones, en la primera el caro, y en esta última el barato, es decir, el pantalla blanco y negro sin sim card que tenía. Mi mamá tiene el suyo en reparación.
Cuando llamé, para enterarme de mayores detalles del accidente, tuve que hacer varios intentos porque la cobertura telefónica es pésima y es un juego de lotería cuando te atienden. Me dijeron que mi primo, gracias a Dios estaba “bien” salvo fractura de la tibia, y que había que determinar, en ese momento, si era operable o simple enyesada.
Al siguiente día, nos dijeron que es operable, y ya nos estaban preguntando por el grupo whatsapp de la familia si podíamos averiguar en nuestras respectivas zonas si hay un anti coagulante que necesita para la operación. Actualmente conseguir medicinas es una peregrinación obligada de farmacia en farmacia, un macabro juego de lotería, mezclado con riesgo de que te asalten de una a la otra y/o de que, si es urgente, tu familiar muera mientras las ubican. Ojo que se puede hacer esa peregrinación si se tiene medio para transportarse, porque si se hace sin eso, corres riesgo de quedarte sin dinero si la urgencia te obliga a pagar taxi, porque la falta de unidades de transporte público mata por el tiempo perdido esperando, y el riesgo de morir por la inseguridad.
A estas horas, mientras escribo estas líneas, ya logré ubicar y gestionar algunas dosis de la medicina, las encontré vía grupo whatsapp (afortunadamente donadas) y debo empezar a pensar cómo puedo hacérselas llegar. Mi primo vive en el Estado Falcón, yo vivo en la Capital, y los fármacos no pueden enviarse vía mensajería, porque el gobierno lo prohibió dizque porque con ello evita el contrabando ilegal de las mismas.
Mi siguiente movida es orar por conseguir alguien que logre llevarlas, porque las que le conseguí sean suficientes y le lleguen bien. Todo esto lo hace alguien que no percibe un sueldo, y que tal vez deba pagar para hacérselas llegar, en un país sin efectivo. Todo esto sin contarles qué pasó con la movilidad accidentada de mi primo y qué implica tener un carro accidentado. Afortunadamente Dios nunca abandona a los suyos, pero igual miro al cielo y le digo ¿Padre, hasta cuándo? Damos pena como país.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 25/10/2018. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

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