Javier Gómez Graterol: Nuestra absurda presunción de “inocencia”
¿Recuerda usted esa película noventera “Mi pobre angelito” (Home Alone su título original)? En ella se destaca la escena en la que los hermanos del protagonista le dicen que un anciano del vecindario es malo. El niño se la cree tanto que posteriormente se encuentra con él en un supermercado y, al verle, le entra un ataque de pánico por el cual sale corriendo del establecimiento con un artículo que no ha pagado (robo involuntario), pero al final es este anciano el que le salva la vida.
Muchos son así respecto a la lectura de la Biblia y a la Iglesia: viven temiéndole, o eligen no leerla, como si quisiesen mantenerse en una absurda inocencia. Es como si al cometer una infracción, pudiesen alegar que “no sabían que estaban cometiéndola”. Sencillamente ese alegato de “inocencia” no sirve: en las leyes humanas “la ignorancia de la Ley no exime de su cumplimiento”, esto es precepto jurídico internacionalmente aceptado. No leer la Biblia no nos hace “inocentes”: La Ley de Dios está escrita en nuestros corazones.
Leer la Biblia no es para conocer lo bueno y lo malo, todos, por muy adormecida que podamos tener la conciencia, tenemos noción del bien y el mal. Leer la Biblia, o ser cristianos no es para “no disfrutar la vida porque todo es pecado”, es para conocer a Dios, y luego, desde esta perspectiva aprender a reconocer lo que realmente tiene valor, nos hace verdaderamente libres y salva. Muchos de los que se alejan de Dios se creen libres, pero viven con muchas ataduras, entre ellas grandes rencores y mezquindades, y sus vidas no tienen mayor sentido que el del ser vivo más básico: “nacer, crecer, tal vez reproducirse y morir”.
También hay quienes no se acercan a Dios porque llevan un estilo de vida no acorde a las enseñanzas bíblicas, y pretenden acallar su conciencia haciendo activismo para convencer a los demás de que lo que hacen o hicieron está bien. Es una lógica tan absurda como promover que todos seamos estúpidos en masa para que la estupidez sea la norma y así el buen Dios tenga que aceptarnos a todos en el Cielo porque todos fuimos igual de estúpidos.
Entendámoslo: Leer la Biblia y ser auténticamente cristianos es lo que verdaderamente salva, y es encontrar el propósito verdadero de la vida. San Agustín lo dijo así: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti». Pretender inocencia por no haber leído la Biblia, o ser tercos en masa no nos salvará. Nos salvará una relación auténtica con Dios y esa se consigue leyendo la Biblia y aprendiendo a ser cristianos.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 24/2/2017. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez

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