Javier Gómez Graterol: ¿Para qué usas el tiempo que te queda?

 

Hoy estamos sumidos en grandes desgracias, y lamentablemente hay gente trabajando incansablemente para sembrar desesperanza y lograr que nos hundamos en la pasividad, esta es una realidad indiscutible en todo el mundo, porque el mal es una realidad vida y operante, y cuyo principal origen se remite a fuerzas oscuras, encabezadas por el mismísimo Satanás. Hay gente que trabaja para el diablo, que le ha vendido su alma, que a fin de cuentas no le pertenece. A cambio de vanas promesas, han cambiado una eternidad feliz por vanos y finitos placeres o terrenales logros.

Ante el mal que trabaja por imponerse, y las cosas malas que suceden a nuestro alrededor, siempre podemos hacer algo: Podemos elegir amar, hacer el bien, dedicar el tiempo que nos queda para hacer caridad, dar nuestro pequeño aporte.

Hacer el bien siempre exige esfuerzo, es lo que lo hace meritorio. Hacer el bien es meritorio porque se puede elegir hacer el mal, y el mal siempre es más fácil. Elegir amar es elegir cambiar el presente para bien y hacernos un espacio en la eternidad. El mal se disfraza de bien, es sutil, le gusta adormecer nuestra conciencia a través del relativismo. El bien es silencioso, se hace a través de pequeñas obras, de voluntad, de deseo de amar. El bien es como una semilla plantada: tarda en hacer ver sus frutos. El mal siempre ofrece resultados instantáneos, pero en el largo plazo el bien sembrado reditúa siempre en bienes mayores, mientras que el mal acumula odios y desgracias.

Es bueno recordar que ninguno de nosotros tiene el mañana asegurado, solo tenemos el hoy. Es por ello que siempre es más sabio elegir hacer el bien, elegir que el tiempo que nos quede sea para amar. Amar es abrirse al prójimo. Podemos pasar horas definiendo teorías y puntos de vista de lo que es el subdesarrollo, pero a la larga, creo que la mejor definición es: país donde sus habitantes se encierran en sus propios egoísmos y son indolentes los unos con los otros. Toda agrupación mejora cuando sus miembros se preocupan mutuamente por cada uno de sus integrantes y a su vez todos se preocupan por lograr un objetivo común que los cohesiona. 

No se podrá lograr un entorno mejor si no dedicamos tiempo para amar al prójimo y, a través de nuestra generosidad nos ayudemos mutuamente a ser mejores, a amar. Amar duele, porque no siempre es comprendido y porque muchas veces choca con la dura pared de la indiferencia y los desagradecidos, pero el bien que se hace, nunca queda sin recompensa, y es aún mejor cuando no se recibe, porque cuando es así, indica que esta será aún más grande en la eternidad. Meditémoslo.

Autor:

Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra

Escrito el 16/11/2018. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

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