Javier Gómez Graterol: ¿Por qué pescadores?
Pensaba escribir sobre otros temas, pero resultó que ayer conversaba con una amiga y ella me hizo una pregunta que me pareció sumamente interesante: “¿Por qué nuestro señor Jesucristo escogió pescadores y no agricultores?”, y eso me cambió el panorama. Decidí hacer pública la pregunta y mi respuesta.
Tenemos que ver que la pesca y el oficio de pescador, aunque siguen siendo esencialmente lo mismo, pese a que actualmente tiene avances tecnológicos que les mitigan, son unos de los más rudos y riesgosos que existen.
Pescar implica paciencia, riesgo, adentrarse en lo profundo, lo desconocido. Los israelitas no se destacaron por su habilidad marítima, le temían al mar. Había muchas leyendas sobre él que les inspiraban temor, en especial las referentes a la existencia de monstruos en sus profundidades, como el Leviatán, mencionado unas cinco veces en la Biblia (Is 27,1; Sal 74,14; 104,26; Job 3,8; Job 41,1). Otras naciones cercanas sí desarrollaron flotas marítimas.
Pescar implica salir en las horas más oscuras, y enfrentarse al oleaje, a las inclemencias del tiempo, con riesgo de hundirse, quedar atrapado en una tormenta e incluso morir. Pescar es una cuestión de suerte: se puede tener buena pesca o no. Dos veces se menciona que fue la intervención de Jesús la que hizo que unas jornadas de cansancio y fatiga, con poca o nula pesca por parte de los apóstoles, se hiciesen abundantes: la primera de ellas, cuando les llamó a ser “pescadores de hombres” (Lc 5,1-11), luego, cuando volvió Resucitado (Jn 21,1-7).
No niego la dureza del oficio del agricultor, pero la agricultura es más previsible, cíclica. El oficio del pescador está sometido a más embates. Pescar con redes implica lastimarse las manos con facilidad al momento de sacarlas, implica forcejeos, sobre todo, con los peces grandes. Pescar es un oficio que siempre es mejor hacer en compañía, en especial si se hace tan artesanalmente como en la antigüedad. La novela El Viejo y el Mar es célebre por describir vívidamente el esfuerzo de un anciano pescador que luchó solo con un pez.
Traslademos ahora todas esas dificultades a la frase que usó Jesús con sus apóstoles, cuando les invitó a seguirle “los haré pescadores de hombres”: estaba usando una metáfora bastante fuerte para decirles en qué se estaban metiendo. Evangelizar es una tarea que implica riesgo. Decía el padre Laudi Zambrano que dos signos de madurez de una comunidad cristiana son: Cuando genera literatura, y cuando le salen enemigos. Evangelizar implica también ser ridiculizado, ganarse enemigos, ser despreciado, ser lastimado física y emocionalmente, y hasta morir. Pescar hombres es nada fácil: implica luchar todos los días contra lo desconocido.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 22/9/2017. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez

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