Javier Gómez Graterol: Redescubriendo a Chateubriand
Entre mis rutinarias costumbres está la de, luego del almuerzo, salir a estirar los pies dándole una vuelta a la manzana. Muy cerca de las oficinas donde trabajo está una venta de libros de segunda mano, en la cual, dado el éxodo masivo de gente desesperada por irse del país, están apareciendo actualmente auténticas joyas literarias y ediciones excelentes y de gran valor.
Uno de mis descubrimientos de hace más de un año fue “El Genio del Cristianismo” de François René de Chateubriand, al cual le he dado continuidad en mis lecturas de oración y meditación. No sabía, al momento de comprarlo, que iba a resultarme tan fascinante.
A pesar de haber sido escrito en 1802, tiene una asombrosa actualidad. Una de las reflexiones que más he “rumiado” es esta: “La incredulidad es la causa principal de la decadencia del gusto y del ingenio”. Con esta frase titula un capítulo entero en el cual el autor hace una hermosísima y actual reflexión sobre el hecho de que la búsqueda de lo trascendente nos encamina consecuencialmente a lo hermoso, lo bello, lo que plenifica y da sentido a la vida.
En este hermoso capítulo afirma que “Todo escritor que rehúsa creer en un Dios autor del universo y juez de los hombres cuyas almas hizo inmortales, destierra al instante lo infinito de sus obras. Encierra su pensamiento en un círculo pantanoso y sucio del cual no puede salir”.
Esta última reflexión me ha tenido pensando muchísimo, pro su gran certeza: en las épocas donde el hombre ha vivido de cara a la trascendencia, a reconocer en el otro su dignidad y el valor de su vida ha habido búsqueda por la belleza y la armonía. Actualmente vivimos en una época donde los principio y valores se han trastocado.
El reguetón, un género que no me atrevo a llamar siquiera música, con sus letras vulgares, morbosas hípersexualizadas, donde se resalta la infidelidad, las aventuras sexuales y antivalores; programas de televisión sosos y sin contenido (estilo Calle 7) y demás, donde se promueven legislaciones e ideologías en contra de la dignidad humana, su valor y la vida misma, son una prueba patente de la degradación social producto de la increencia. Recuerdo siempre ese chiste que decía: Si dicen que el rock es un engendro de Satán, no quiero saber la clase de demonios que inventó el reguetón.
Este libro de Chateubriand fue escrito en una época de profundos cambios sociales, entre ellos, la Revolución Francesa, y su autor se dedicó a demostrar que el cristianismo no es solo un estilo de vida sino una consecuencial búsqueda de lo más sublime y hermoso. Tal vez los cristianos de hoy debamos redescubrir a este autor, para concienciar que al evangelizar no solo salvamos almas, sino que producimos belleza y huellas imborrables en el mundo.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 25/5/2018. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez

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