Javier Gómez Graterol: Satanismo audiovisual (parte 3)

 

Manga y anime son dos términos con los que se designan al cómic y a las animaciones niponas u orientales (o de ese estilo: ya hay “manga” de otras latitudes), ellas han creado también una cultura que es más omnipresente entre los jóvenes de la actualidad de lo que muchos padres imaginan.

Una de las cosas que hay que saber es que muchísimas de estas producciones son para un mercado adulto, pero, al hacerse populares y globales, muchos distribuidores se conforman con “importarlos” cortando las escenas más explicitas cuando se difunden en medios más públicos. Lo cierto es que, sea producción adulta o no, estas son ampliamente seguidas entre nuestros jóvenes.

Tuve la oportunidad de ingresar a estos establecimientos de ventas de vídeo en Santa Cruz, también en Venezuela y ahora en Perú: impresiona ver que hay secciones si no es que locales, completamente dedicados a estas producciones. No todas son malas, como no todo es malo en las demás culturas, pero sí hay que tener en cuenta que el satanismo se filtra aún más descaradamente y con más crudeza en algunas producciones de este nicho de mercado.

Basta ver, por mencionar un ejemplo, que en la culebra nipona “Dragon Ball”: había personajes “Ox Satán”, “Mister Satán”, y el 666, o número de la bestia aparecía “inocentemente” imbuido entre las tramas, eso sin mencionar, detallitos como el mensaje de que con las esferitas, adornadas con estrellas de cinco puntas, se puede revivir a los muertos.

Otras producciones con contenido satánico/esotérico que se han hecho famosas: Blue exorcist, Beelzebub, Shaman King, Yondemasu Yo, Azazel-san, Soul Eater, Jigoku Shoujo, Hell Girl; Evangelion, Boogiepop Phantom, Pet Shop of Horrors, Hellsing, Castlevania, esta última se encarga de pintar a la Iglesia como lo más oscurantista y retrógrado que puede haber (la lista es prácticamente interminable). También el mundo oriental se ha hecho famoso por producciones de misterio que, o se exhiben tal cual en servicios de descarga por internet, cines, clubes y grupos de seguidores de esta clase de producciones, o algún productor occidental se encarga de comprar los derechos y “blanquearla”, el Aro, es una de los ejemplos más célebres.

No se trata de volverse paranóicos con respecto a todo lo que vemos ni de estar viendo demonios en todas partes, pero todo padre responsable debe tener un mínimo de criterio y discernimiento para saber a qué cosa se exponen sus hijos. El diablo es el príncipe de la mentira, y jamás se presentará tal como es, cuando aparece es un ser carismático, simpático, y con mucho don de gente, después de todo, es el gran tentador, y una tentación no nos haría caer en ella si no luciese agradable al principio.

Autor:

Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra

Escrito el 16/8/2019. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

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