Javier Gómez Graterol: Sobre el Juicio Final
Vivimos en una sociedad que nos enseña a vivir como si el presente fuese lo más importante, como si tuviésemos garantía del mañana y un “almacén de tiempo” para administrar a nuestro antojo, prácticamente como si fuésemos inmortales y, como si los peligros y desgracias son cosas que solo le suceden a los otros.
Un cristiano verdadero vive teniendo siempre presente la realidad muerte, y el hecho de que la vida se nos muestra injusta y viene muchas veces atada a la adversidad. Decía François René, Vizconde de Chateubriand, que “ninguna otra religión nos prepara tanto para la muerte como el cristianismo”, esto es una grandísima verdad: Un cristiano verdadero vive sabiendo que en cualquier momento puede morir y que de su vida dará cuenta tarde o temprano. Vivir con la conciencia adormecida es muy cómodo, pero nos hace un gran daño, cada día que pasa es una oportunidad perdida de hacer el bien, en especial por el prójimo más necesitado.
Otra realidad que también tenemos que concienciar, de cara al más allá es la pregunta que Jesús hace: ¿De qué le sirve al hombre ganar al mundo entero si se pierde para sí mismo? (Mc 9,25). Si se analiza bien: Jesús no niega que el hombre pueda ganarse al mundo entero, lo que hace es preguntarse ¿de qué le sirve? Que el Hijo de Dios, es decir, el Dios-Hombre admita que el hombre puede “ganarse al mundo entero” es escalofriantemente impresionante, y concienciar esto nos ayudará a centrarnos más en lo que es o debería ser lo más importante para nosotros.
Del Juicio Final se han dicho miles de cosas, y muchos se quedan con interpretaciones literales de lo que dice el libro del Apocalipsis, es decir, con figuras que resultan aterradoras y monstruosas, sin concienciar su verdadero sentido. Una de las cosas que tenemos que tener presentes para comprender de qué se trata el Juicio Final, es la frase que ha resultado universalmente promovida por la Iglesia: “A la tarde te examinarán en el amor”, de San Juan de la Cruz.
Sí, señores, no seremos juzgados por nada que resulte mundanamente atractivo o grande: posesiones, títulos, talentos desarrollados banalmente, frivolidades, placeres disfrutados, número de parejas sexuales o relaciones sexuales tenidas. Seremos juzgados en el abandono de nuestros egoísmos personales en favor del otro, en nuestra capacidad de renuncia a nosotros mismos para amar verdaderamente, como Dios nos mandó a través de su Hijo amado.
Concienciemos, pues, que nuestro tiempo es un recurso natural no renovable y sin garantía, y viviendo esta realidad, de cara a Cristo, hagamos entonces un inventario real de lo que realmente importa.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 10/3/2017. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez

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