Javier Gómez Graterol: Su testimonio me “cacheteó”
Ayer miércoles (escribo esta columna usualmente los jueves) tuve la oportunidad-bendición de asistir como conferencista invitado, y hablar sobre el alcoholismo, Dios y la Iglesia, en un grupo de Alcohólicos Anónimos y Al-Anón (para familiares de alcohólicos). Siempre he dicho que, cuando uno hace misión es más lo que recibe que lo que da, en este caso, recibí muchas bendiciones.
Todo lo que se dice en estas reuniones es confidencial, y no sería ético de mi parte contar una historia personal de alguien, así no ponga elementos que permitan una identificación, sin embargo he de contar el fragmento de un testimonio que me impactó por el grado de sencillez, humildad y fe que encerraba.
Decía una de las asistentes: cuando voy a dormir, pongo las pantuflas debajo de mi cama lo más al fondo posible, así, por las mañanas, cuando me levanto, sé que tengo que sacarlas de debajo de ella, y para hacerlo, me veo en la obligación de ponerme de rodillas, y una vez que estoy así, siento la necesidad de orar para dar gracias a Dios por un nuevo día, y también por el resto de las cosas que suelo orar.
Oyendo esto imaginé las perplejidades que tuvo Jesús cuando el centurión le pidió que curase a su criado diciéndole que él, como soldado, sabía que bastaba que Jesús lo dijese desde lejos para que sucediese, ante lo cual Jesús se asombró bastante, o cuando la mujer cananea que le “arrebató” el milagro, luego de que Jesús se negase inicialmente, por estar de camino a otro lado, a ir a curar a su hija diciéndole que “no estaba bien quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perritos”, ante lo cual ella respondió que los perritos comían de las sobras que caen de la mesa de los hijos (Mt 15, 21-28; Mc 7, 24-30) y luego la del ladrón arrepentido en la cruz que abogó por Él cuando el otro le ofendía, y por lo cual se le fue prometido el Paraíso (Lc 23,43).
Como religioso, tengo espacios de oración y me procuro otros, pero ese testimonio de fe me conmovió. Tal vez por el hecho de ver que proviene de alguien que está reconstruyendo su vida desde su experiencia de recibir el perdón de Dios, de levantada luego de la caída, y que, como Jesús mismo lo dice, ama más a quien más se le perdona (Lc 7,47).
También me ayudó mucho conocer más en profundidad a estos grupos de ayuda. Concienciar este tipo de realidades y el gran aporte que hacen a la sociedad es algo que fortalece la fe en la humanidad. Me alegra saber que como Iglesia damos nuestro apoyo a esto. Apoyados o no, estos grupos son pocos para las actuales necesidades de la sociedad actual, impulsada cada vez más al hedonismo. Dios nos bendiga con más iniciativas de apoyo en todos sus problemas, oremos para que así sea.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 12/12/2019. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

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