Javier Gómez Graterol: Todos nos enfadamos...
El último día de 2019 cerró con un episodio anecdótico muy particular: el papa Francisco tuvo una reacción visiblemente aireada cuando una mujer de rasgos asiáticos le jaló bruscamente el brazo cuando él iba caminando para visitar el árbol y el Portal de Belén instalados durante el periodo navideño.
Horas después, el Papa se disculpó antes de la tradicional oración del Ángelus, por haber “perdido la paciencia” la víspera cuando una fiel lo forzó a darle la mano y él le dio un golpe en el antebrazo, y declaró: “Tantas veces perdemos la paciencia. A mí también me ocurre. Me disculpo por el mal ejemplo dado ayer”.
A quien quiera perder su tiempo hablando mal del Papa por esta reacción humana, le digo: Jesús se enojó varias veces… el episodio más célebre de su ira fue cuando vació el templo de cambistas y vendedores de animales, con auténtica ira (Mt 21,12-13; Mc 11,15-18; Jn 2,13-22), emoción desatada por ver que profanaban la casa de Dios (Jn 2,17).
Se enfadó también por la dureza de corazones de algunos: “Jesús miró entonces con enojo (µετ→con οργης→ira) a los que le rodeaban” (Mc 3,4-6). Se enojó con sus propios apóstoles, por no dejar que los niños se le acercasen, (Mc 10, 13 – 14), cuando dos de ellos le sugirieron achicharrar a los samaritanos (Lc 9,55), y cuando se negaban a creer en Él (Mt 17,17).
Y si nos vamos a Pedro, el primer Papa, veremos que su impulsividad le hizo merecedor de las reprimendas más fuertes que Jesús haya hecho a sus discípulos: cuando le cortó la oreja al sirviente del sumo sacerdote (Jn 17,10), (recordemos que la cortada de oreja bien pudo deberse a que este movió la cabeza para esquivar un espadazo apuntado al cuello), y cuando Pedro trató de disuadir a Jesús de no entregarse a morir en la cruz (Mt 16, 21-23),
Hay grandes estrellas que, intencionalmente o no, han causado enfado en sus seguidores, y han tenido que ofrecer disculpas públicas por sus errores cometidos. Algunos han salido mejor librados que otros, y aún peor en esta época de linchamientos mediáticos. El hecho es que, basta leer los comentarios a los tuits del Papa y ver que, diga lo que diga, siempre recibe comentarios negativos, y no he visto un solo tuit que se salve.
Errar es humano, rectificar es de sabios, y pedir perdón es aún más loable. El Papa ha tardado prácticamente nada en disculparse. Así que, bien vale la pena tomar en cuenta que humanos somos y nadie, ni Jesús está, exento de un enfado: Sopórtense y perdónense unos a otros si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, a su vez hagan ustedes lo mismo (Col 3,13).
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 2/1/2020. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

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