Javier Gómez Graterol: Vacaciones bajo el comunismo
En Venezuela suele haber un apodo jocoso para las personas que participan en eventos sociales, léase reuniones de amigos, en sitios públicos, y no aportan nada: “gallina vieja”, porque come y no pone. Los religiosos, al no percibir un sueldo fijo, estamos destinados a ser, en la mayoría de tales ocasiones, la gallina vieja del cuento. Claro está que, por pena, muchos de nosotros tratamos de hacer un aporte, o de consumir el mínimo necesario para no gravar demasiado a los demás, o definitivamente no ir evaluando la conveniencia de asistir o no, dado que todo religioso en sitio público es siempre blanco de críticas.
En este caso, pasaré las vacaciones en el Estado Lara, dado que ahí es donde viven actualmente mis padres y tengo la mayoría de la familia ahí. En el Estado Zulia, tengo la mayoría de las amistades y menos familiares. Aunque cada vez menos familiares y amigos en ambas partes, por el fenómeno migración.
Estando en la universidad formé parte de un grupo de teatro. Decidimos que casi veinte años después, podríamos tener una reunión grupal allá en el Estado Zulia. Eso implica que, yendo primero al Estado Lara, me toque, de aquí al 22, día de tal reunión, hacer una logística que suena a esas películas de robo bancario donde los protagonistas deben hacer toda una planificación con antelación para lograr su cometido.
Ir de un Estado (Departamento) al otro, especialmente en esta época decembrina, implica todo un sufrimiento: conseguir el dinero; ir a los terminales “a ver qué se consigue”, porque ya las pocas líneas que quedan están saturadas. Como siempre, poderoso caballero es don dinero, y eso implica que si hay disposición a pagar un sobreprecio, por “caminos verdes”, al precio “oficial” puede conseguirse alguna alternativa legal, o se puede seguir apostando por los transportes “alternos” sin ninguna clase de garantía, con el riesgo de quedarse en el camino, ser asaltados, y demás etcéteras.
Sorteado este primer obstáculo, el transporte interno de la ciudad de Maracaibo está también colapsado, lo cual implica otra serie de riesgos, y salida mínimo con dos horas de antelación, para ver si se consigue algo, que actualmente puede implicar ir en la parte de atrás de camiones de cualquier tipo.
Eso y las otras “logísticas” que implican el sitio de reunión, el consumo que se hará ahí, el tener que culminar antes de las cinco, cual película “Soy Leyenda” porque queda claridad para poder retornar, Maracaibo es ahora un pueblo fantasma luego de las cinco. ¿Que por qué quiero ir a pesar de tanto obstáculo? Porque actualmente no se sabe nada de si esa reunión será una última vez en la que podré ver a estos amigos, personalmente, en quién sabe cuánto tiempo. Cada vez se pone peor la cosa, y muchos que antes no pensaban o no piensan en migrar, tal vez se vean obligados a hacerlo, o tal vez la muerte nos alcance por la inseguridad, falta de medicinas si enferman o quién sabe cuál otra penuria que, en un país normal, se resuelve fácilmente. Dios bendiga a Venezuela, bendiga a Bolivia, ¡Salgan de Evo!
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Escrito el 14/12/2018. Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

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