Javier Gómez Graterol: Acerca de la ira
El pecado de la ira es uno de los siete pecados capitales en la tradición católica. El pecado de la ira se refiere a una persona que no puede controlar su cólera, y a veces incluso la usa como un arma. La cólera no es un pecado en sí mismo, pero cuando lleva a la crueldad, el maltrato o la violencia, se convierte en un pecado. La Biblia nos enseña que tomar decisiones dejándonos llevar por la ira no es conveniente ni para el mismísimo Dios: en Éxodo 32, 1-14, se narra cómo Moisés le pide a Dios que abandone su ira, y Él renuncia a la decisión que había tomado por el enfado. La Iglesia enseña que es importante buscar la virtud de la paciencia y el perdón para superar este pecado.
Decía san Juan Crisóstomo: “Quien con causa no se aíra, peca. Porque la paciencia irracional siembra vicios, fomenta la negligencia, y no sólo a los malos sino también a los buenos los invita al mal”. Dejarnos llevar por la ira, excediendo la medida racional, o cuando no se llega al justo control, la ira, o la falta de ella, son pecado.
El llamado santo de la amabilidad, San Francisco de Sales, admitía (y sus historiadores lo confirman) que tenía un temperamento fuerte, era una persona iracunda. Lo asombroso es que sus escritos eran toda afabilidad, y por ello son prueba de la gran lucha que hizo contra ese defecto. La dulzura fue más bien su distintivo, se aprecia en cada uno de ellos que su espíritu libró grandes batallas con una vida ascética, su muerte al yo, viviendo a diario su respuesta de amor a Cristo. Monseñor Camus informó que, en su necropsia, al sacarle la hiel, la encontraron convertida en 33 piedrecitas, señal de los esfuerzos que había tenido que hacer para vencer su temperamento tan inclinado a la cólera y al mal genio. Dicen también que encontraron rasguños en la parte baja de su escritorio, y se dieron cuenta de que estaban ahí porque él, para contener la ira, clavaba las uñas y rasguñaba la madera.
El Papa Francisco dice: “¿Quién no se ha enfadado alguna vez? Todos. Debemos volver al revés la bienaventuranza y preguntarnos: ¿Cuántas cosas hemos destruido con la ira? ¿Cuántas cosas hemos perdido? Un momento de ira puede destruir muchas cosas; se pierde el control y no se valora lo que es realmente importante, y se puede arruinar la relación con un hermano, a veces sin remedio. Por la ira, tantos hermanos no se hablan, se alejan uno del otro. Es lo contrario de la mansedumbre. La mansedumbre reúne, la ira separa”.
Algunos santos han dicho: “La ira es como un fuego descontrolado que consume el alma” (San Juan Crisóstomo). “La ira es la locura de los débiles y la locura de los fuertes” (Santa Teresa de Ávila). “La ira es un veneno que uno toma esperando que el otro muera” (San Agustín). “La ira no soluciona nada, solo empeora las cosas” (Santa Catalina de Siena). “La ira es la manifestación de la falta de dominio propio y de la falta de amor hacia los demás” (San Francisco de Asís). En la segunda parte, hablaré sobre algunas fórmulas espirituales para controlarla. Dios con nosotros
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez y republicado el 3/12/2023 en http://infodecom.net
https://infodecom.net/javier-gomez-graterol-acerca-de-la-ira/

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