Javier Gómez Graterol: Principales aspectos de la soberbia
En este tiempo de Adviento, me parece bien reflexionar sobre los pecados capitales, con miras a ver cómo está nuestro corazón, ya lo hice con la ira, en mis entregas anteriores, ahora lo haré con la soberbia.
Etimológicamente, soberbia, viene del latín superbia: excesiva elevación y grandeza inmoderada del alma. Se la define como «el apetito desordenado de la propia excelencia» (S. Tomás, Sum, Th. 2-2 gl62 a2). Dice san Agustín; “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”. Se es soberbio cuando se ordenan las perfecciones, dones recibidos a la propia gloria en vez de hacerlo a la gloria de Dios. En estos casos nos encontramos con un apetito desordenado de superación y excelencia, y esto es vicioso, de paso, es el primer pecado capital.
¿Por qué es el primer pecado? Una de las razones es que su arquetipo (= modelo primero y principal, quien le representa a la perfección) es Lucifer, el ángel caído cuya rebeldía ante Dios se expresa con la frase: “Non serviam“, que se traduce como “No te serviré”. La soberbia se manifiesta como desobediencia a Dios. Por lo tanto, en todo pecado, por desobediencia a uno o varios mandamientos que manifiestan la voluntad de Dios. Hay soberbia, hay desobediencia.
Es un pecado aborrecido por Dios: “(El temor de Yahveh es odiar el mal). La soberbia y la arrogancia y el camino malo y la boca torcida Yo aborrezco”. (Proverbios 8, 13). “Que no sea neófito, no sea que, llevado por la soberbia, caiga en la misma condenación del Diablo” (1 Timoteo 3, 6).
“No hay otra cosa tan contraria a la caridad como la soberbia, y ninguna otra cosa más contraria a la sabiduría que la insensatez” (San Agustín). San Buenaventura dijo: “La soberbia no tiene nada más dañino en este mundo que el hálito de la muerte”. Santa Teresa de Ávila dijo: “Una persona altiva es un león en una cárcel, y la soberbia es como una prisión de los dones de Dios”
La soberbia no es sólo un mal individual sino también social, cultural y colectivo: adquiere formas de civilización y de cultura, la superioridad arria, por mencionar un ejemplo, es clara muestra de esto.
Como el soberbio solo quiere resaltar él, a sí mismo y a su propio esfuerzo, prefiere no deber a nadie y es en esencia malagradecido. Tiende a rechazar lo gratuito, a minimizar o menospreciar el don ajeno. Un actitud así le lleva a rechazar la gracia, de ahí que quiera o prefiera doctrinas y pensamientos que hablen de salvarse a sí mismo, no por Cristo, así que tiende a poner la salvación en la propia justicia que viene de sus obras.
El soberbio suele ambicioso, empeñado en en resaltar/triunfar. Puede pasar por encima de cualquiera que se oponga a su éxito y buscar todas las formas para sentirse bien consigo mismo. Busca ser y hacer ver que es poderoso y mejor que los demás. También suele ser calculador y vivir reflexionando con atención si va a tener perjuicios. En pocas palabras, todo lo hace por y para su conveniencia. Seguiremos explorando esto, en las próximas entregas.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez y republicado el 15/12/2023 en http://infodecom.net
https://infodecom.net/javier-gomez-graterol-principales-aspectos-de-la-soberbia/

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