Javier Gómez Graterol: Vestimenta informal y agenda oculta
Esta semana sale en las noticias que, para variar, los demócratas, -encabezados por el líder de la mayoría demócrata de la Cámara Alta del Congreso, Chuck Schumer-, decidieron abolir el código de vestimenta formal del Congreso y podrán ir, a partir de ahora, como les venga en gana.
Siempre ha sido propio de la izquierda el asumir como liberador el mal gusto, la informalidad, el dárselas de rebeldes, así que esta medida no es por azar: Primero van por la formalidad, luego la relajación moral, luego vendrán políticos acostumbrando a la gente a que los vea vestir con excentricidades; luego se irá rompiendo la línea de lo masculino y femenino, y de ahí a nada incluso drag queens de congresistas.
Coincido por ello con la opinión del senador republicano Bill Hagerty, cuando afirmó que tal medida es “un paso más en el movimiento de los demócratas para transformar Estados Unidos, para llevarnos a un lugar mucho menos respetuoso de lo que hemos sido históricamente”.
A quien crea que exagero, le digo lo siguiente: está comprobado que la ropa influye en el comportamiento de varias maneras, tanto a nivel individual como social: En lo individual, la ropa influye en la autoestima, confianza y estado de ánimo. Vestir ropa que nos hace sentirnos bien con nosotros mismos aumenta nuestra autoestima y confianza, nos lleva a un comportamiento más positivo, igual que vestir con ropa que nos hace sentirnos incómodos o inseguros puede tener el efecto contrario.
La ropa influye en el comportamiento a través de sus propiedades físicas. No tenemos plumajes vistosos como los animales para atraer, pero sí podemos utilizarla para favorecer, lucir más atractivos y con ello condicionar en otro una respuesta sexual. Ropa ajustada restringe el movimiento, por lo tanto el comportamiento físico. La ropa pesada o incómoda puede ser un obstáculo para realizar ciertas actividades.
En lo social, la ropa influye en la forma en que los demás nos perciben, comunica información sobre nuestra personalidad, valores y creencias. Vestir de manera formal puede indicar que somos profesionales y respetables. Igual que lo informal puede indicar que somos relajados y despreocupados.
Vestir influye en las interacciones sociales: hacerlo de manera similar a los demás ayuda a encajar en un grupo o a sentirnos aceptados. Al igual que hacerlos de forma diferente a los demás puede llamar la atención o incluso provocar rechazo.
Es comprobado que: Un estudiante que lleva ropa formal a un examen puede sentirse más confiado y rendir mejor; una persona que lleva ropa deportiva a un gimnasio es más probable que haga ejercicio; una persona que lleva ropa informal a una entrevista de trabajo es menos probable que consiga el trabajo; un grupo de personas que llevan ropa similar es más probable que se unan y se ayuden entre sí.
En resumen: la ropa es una forma de comunicación no verbal que influye en nuestro comportamiento de varias maneras. La ropa que elegimos llevar puede afectar a nuestra autoestima, confianza, estado de ánimo, forma de pensar y comportamiento social.
No es un mero movimiento de frescura e innovación, tiene mucha más malicia y veneno del que imaginamos: busca deformar la conciencia y llevarnos a lo que ellos quieren que aceptemos como bueno y sano (Is 51,20). Dios con nosotros.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez y republicado el 5/10/2023 en http://infodecom.net
https://infodecom.net/javier-gomez-graterol-vestimenta-informal-y-agenda-oculta/

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