Javier Gómez Graterol: Justicia divina
El hombre tiene una noción de lo que es justo, pero la justicia humana es imperfecta, de hecho, el notar que hay imperfección en lo humano, es una de las cosas que nos llevan a Dios, el saber que debe haber un ser que sea perfectamente justo en la aplicación o utilización de un don. Que este don, para darse y aplicarse justamente ha de ir sostenido por principios y valores basados en la Verdad.
Juan Pablo II complementa esta enseñanza cuando dice: “El sentido de la justicia divina es captado progresivamente en el Antiguo Testamento a partir de la situación de la persona que obra bien y se siente injustamente amenazada. Es en Dios donde encuentra refugio y protección. Esta experiencia la expresan en varias ocasiones los salmos que, por ejemplo afirman: ‘Yo sé que el Señor hace justicia al afligido y defiende el derecho del pobre. Los justos alabarán tu nombre; los honrados habitarán en tu presencia’” (Sal 140, 13-14).
Y es que, ante el hombre que recibe una injusticia la Biblia llama, no a una resignación pasiva, ni a tomar la justicia por cuenta propia, llama más bien a abandonarse en Dios, confiando en que Él hará: “Ten confianza en Yahveh y obra el bien, vive en la tierra y crece en paz, ten tus delicias en Yahveh, y te dará lo que pida tu corazón. Pon tu suerte en Yahveh, confía en Él, que Él obrará; hará brillar como la luz tu justicia, y tu derecho igual que el mediodía” (Salmo 37, 3-6). “no tomando la justicia por cuenta vuestra, queridos míos, dejad lugar a la Cólera, pues dice la Escritura: Mía es la venganza: yo daré el pago merecido, dice el Señor. Antes al contrario: si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; haciéndolo así, amontonarás ascuas sobre su cabeza” (Romanos 12, 19-20).
El llamado, ante cualquier injusticia, es el de orar a Dios sin desfallecer: “Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer. ‘Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’. Dijo, pues, el Señor: ‘Oigan lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Les digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?’” (Lucas 18,1-8).
Se sabe que en vida recibiremos injusticias, pero la Biblia nos dice: “Porque bella cosa es tolerar penas, por consideración a Dios, cuando se sufre injustamente. ¿Pues qué gloria hay en soportar los golpes cuando han faltado? Pero si obrando el bien soportan el sufrimiento, esto es cosa bella ante Dios” (1 Pedro 2, 19-20).
En conclusión: En la medida que el cristiano confía en Dios tiene mayor capacidad de resiliencia y superación de toda consecuencia de una injusticia sufrida. Dios con nosotros.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez y republicado el 9/4/2024 en http://infodecom.net
https://infodecom.net/javier-gomez-graterol-justicia-divina/

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