Javier Gómez Graterol: Perdonar, palabra difícil (Parte 2)

 

   En esta segunda entrega reflexionaremos sobre por qué es importante y necesario perdonar:

   “Parece que la riqueza propia del diablo es ésta: sembrar el amor al no-perdonar, vivir apegados al no-perdonar. Y el perdón es condición para entrar en el cielo” (Papa Francisco).

   Perdonar nos permite, a partir de dejar atrás la experiencia vivida, tener relaciones más maduras y sanas: Mucho hemos avanzado como civilización desde la vieja máxima “ojo por ojo, y diente por diente”. Perdonar nos permite asumir con entereza los conflictos, además de que mejora nuestra convivencia con los demás.

   Múltiples estudios científicos constatan que no perdonar aumenta la probabilidad de desarrollar síntomas físicos y psicológicos. Se ha comprobado que no perdonar produce comúnmente estos efectos:

   En el área corporal o física: Desarrollar síntomas cardiovasculares, puesto que genera cambios en tasa cardíaca y presión arterial; tensión muscular, facial, en la piel en general; estrés, eleva el cortisol o colesterol total y causa reactividad autonómica. Debilita el sistema inmune; fácilmente aumenta la probabilidad de dolor crónico; crea tendencia al abuso de sustancias, e incluso hace daño cerebral traumático y se le asocia al cáncer.

   En salud mental: causa ansiedad; depresión; actitudes rayanas en lo neurótico; estrés percibido; es producto de baja autoestima o causante del deterioro y pérdida de la alta. No hacerlo es también quedarse estancado, no permitirse avanzar ni madurar. Liberarse del rencor y la amargura, disminuye la ansiedad, el estrés, la hostilidad y los síntomas de depresión.

   Es un proceso de que ayuda a madurar porque incluye una revisión de nuestra autoestima y empatía, una vez que se logra hacerlo, mejora la autoestima, nos hace crecer en empatía, menos rencorosos, más pacientes y amables.

   Desde lo espiritual:

   Cristo mismo estableció en muchas de sus enseñanzas pero, principalmente en el padrenuestro, que obtendremos el perdón en la medida en que nosotros perdonemos. Aún así, la Biblia ya desde antes de Jesús manejaba esta revelación espiritual: “El que se venga, sufrirá venganza del Señor, que cuenta exacta llevará de sus pecados. Perdona a tu prójimo el agravio, y, en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados .Hombre que a hombre guarda ira, ¿Cómo del Señor espera curación? De un hombre como él piedad no tiene, ¡y pide perdón por sus propios pecados! Él, que sólo es carne, guarda rencor, ¿Quién obtendrá el perdón de sus pecados? Acuérdate de las postrimerías, y deja ya de odiar, recuerda la corrupción y la muerte, y sé fiel a los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no tengas rencor a tu prójimo, recuerda la alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa. (Eclesiástico 28, 1-5).

   En pocas palabras: perdonar ayuda más a quien se libra de la carga de no hacerlo que a quien lo recibe en sí. Es por ello que es tan importante hacerlo. En el siguiente artículo profundizaremos en los procesos espirituales para hacerlo. Dios con nosotros.

        Autor: 

        Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y = @jegogra

Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

http://cutt.ly/javiergomez y republicado el 2/7/2024 en http://infodecom.net

https://infodecom.net/javier-gomez-graterol-perdonar-palabra-dificil-parte-2/

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