Javier Gómez Graterol: Quiérelos por decreto

   Hay constantes que se notan mucho en los activistas de derechos de cualquiera de las causas impulsadas por la izquierda en la actualidad: sensación de superioridad moral; dominio de una verdad absoluta; creerse buenas personas porque lo que dicen la única y absoluta verdad; hablar de tolerancia pero obrar agresivamente cuando se les lleva la contraria; resentimiento profundo; evasión a discutir y argumentar, entre otras.

   Una de las tantas cosas que están causando mucho hartazgo en la mayoría silente (que se ve afectada y que ya, en definitiva, no es tan silente) es la de la utilización del cine y la televisión para el constante y excesivo bombardeo de mensajes ideológicos a través de sus producciones, a la cabeza Disney y Netflix, quienes, al parecer, no les importa perder millones ante el rechazo que están produciendo por esto.

   Un ejemplo muy reciente es la aversión que está produciendo la serie “El acólito” (The Acolyte), ahora llamada “ascólito, por muchos seguidores enfadados con el rumbo que le han dado a la saga: Se insertó a la fuerza un jedi obeso, en lo que se supone es un cuerpo de guerreros disciplinados, que en su proceso de entrenamiento hacen experiencias que rayan con lo ascético, por las privaciones que deben vivir, y en la que ahora, “la fuerza” esa que es el elemento central que mueve a los Jedi (renombrada “el hilo”), es producto de la unión de dos mujeres lesbianas (!) y por ello, para variar, dejan como mensaje que el hombre no es necesario ni para engendrar. No hay una sola historia que ha producido Disney sobre esta saga, desde que compró Lucasfilm, que no haya generado rechazo.

   Otro elemento de notorio rechazo colectivo, es que ahora tenemos a Sara Milliken, una mujer obesa como Miss Alabama (!), a Yajaira Quizhpi, una mujer de 45 años (!), madre de un niño de 11 (!), como candidata a Miss Ecuador (¿En serio debemos aclarar que Miss significa “señorita”?). La explicación que le dan a esto es que se debe impulsar la famosa inclusión (forzada) y blah, blah, blah, de lo que representa cambiar los estereotipos de belleza.

   De acuerdo a esta nueva superioridad moral, y este maravilloso orgullo de minorías, propulsado por la izquierda, nos debemos acostumbrar a que haya mujeres trans, o lo que se les ocurra, compitiendo y ganando por mucha ventaja en las competencias femeninas. A que la obesidad, pese a ser nada saludable deba concursar, y supuestamente ganar, en concursos de belleza, a que ahora puedan concursar hombres femineizados quirúrgicamente y que. Recuerden la nueva regla: si eres hombre, y no te gusta una trans o una obesa, es simplemente porque eres “gordofóbico” o “tránsfobo”, sin más argumentos y punto.

   Y podemos seguir nombrando casos y casos del ruido mediático que se ha venido causando por toda esta locura progre. Lo más triste es que cada vez más se enfocan en los niños, queriendo “programar” a la nueva generación para que acepte todas estas aberraciones. Lo cierto es que, ese viejo dicho de que el dinero no lo compra todo, encierra mucha verdad: no se compra el amor verdadero, y usar el dinero para combatir la naturaleza humana misma para imponer locuras, está causando mucha repulsión, cada vez más notoria, y tarde o temprano va tener un desenlace muy extremo. Amanecerá y veremos. Dios con nosotros.

            Autor: 

        Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y = @jegogra

Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo

http://cutt.ly/javiergomez y republicado el 17/6/2024 en http://infodecom.net

        https://infodecom.net/javier-gomez-graterol-quierelos-por-decreto/

Comentarios

Entradas populares de este blog

Javier Gómez Graterol: Hugh y las “feminazis”

Javier Gómez Graterol: La insólita estrategia de Playboy

Javier Gómez Graterol: Si ser cristiano es peligroso, una vida sin sentido lo es más