Javier Gómez Graterol: Sobre la virginidad (Parte 5)
Hoy hablaremos de un estilo de vida que resulta muy extraño al mundo actual: la llamada “virginidad consagrada”, la cual es un don especial que algunas personas eligen vivir como una forma de entrega total a Dios. Este estado de vida es valorado dentro de la Iglesia Católica y se fundamenta en el ejemplo de Jesucristo y en la vocación a la vida de los apóstoles:
La virginidad consagrada es "un don divino que la Iglesia recibió del Señor, y que con su gracia se conserva perpetuamente" (LG 43). “Entre los consejos evangélicos, según el concilio Vaticano II , sobresale el precioso don de la "perfecta continencia por el Reino de los Cielos": don de la gracia divina, "concedido a algunos por el Padre (cf. Mt 19, 11; 1 Co 7, 7) para que se consagren a solo Dios con un corazón que se mantiene más fácilmente indiviso (cf. 1 Co 7, 32-34) en la virginidad o en el celibato..., señal y estímulo de la caridad y como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el mundo" (Lumen Gentium , 42)” (Juan Pablo II).
Las personas que optan por la virginidad consagrada lo hacen como respuesta a un llamado de Dios, comprometiéndose a vivir en total disponibilidad para el servicio a la comunidad y en dedicación a la oración. Este compromiso puede ser parte de la vida de quienes son miembros de instituciones religiosas, como las monjas o los sacerdotes, pero también puede ser vivido por laicos que eligen vivir este estilo de vida: "El "no casarse" escatológico será un "estado", es decir, el modo propio y fundamental de la existencia de los seres humanos, hombres y mujeres, en sus cuerpos glorificados. La continencia por el Reino de los Cielos, como fruto de una opción carismática, es una excepción al otro estado, esto es, al estado del que el hombre desde "el principio" vino a ser y es partícipe, durante toda la existencia terrena” (Juan Pablo II).
“La virginidad consagrada tiene una función múltiple de signo: del amor sobrenatural a Dios ya los hombres (cf LG 42; PC 12) y del "mundo futuro, que se hace ya presente por la fe y la caridad, en que los hijos de la resurrección no tomarán ni las mujeres marido ni los hombres mujeres" (PO 16). Es fuente de fecundidad espiritual, medio eficaz para la dedicación al servicio divino (cf PC 12) ya la tarea apostólica (PC 12; PO 16); lejos de constituir un obstáculo para la maduración de la persona, es más bien "un bien de toda la persona" (PC 12) y dispone a los que la abrazan "para recibir más dilatada paternidad en Cristo" (PO 16)” (JM Calabuig-R. Barbieri).
La virginidad consagrada es, además, una forma de testificar el valor del amor de Dios por encima de todas las cosas y una señal del Reino de Dios que se aproxima. Es un tipo de vida que refleja el amor puro y la pertenencia total a Dios: “De hecho, se trata, no de la continencia en el Reino de los Cielos, sino de la continencia "por el Reino de los Cielos" (Juan Pablo II ).
«Estas dos realidades, el sacramento del matrimonio y la virginidad por el reino de Dios, vienen del Señor mismo. Es él quien les da sentido y les concede la gracia indispensable para vivirlos conforme a su voluntad. La estima de la virginidad por el Reino y el sentido cristiano del matrimonio son inseparables y se apoyan mutuamente» (n. 1.620; cf. exhortación apostólica Redemptionis donum, 11). Es un camino de santidad que suena muy poco acorde a los valores del mundo actual, pero es un camino de felicidad y santificación para quien lo vive con fe. dios con nosotros.
Autor:
Javier Gómez Graterol, sacerdote/periodista http://cutt.ly/javiergomez Ig y X = @jegogra
Publicado inicialmente en El Día de Bolivia http://eldia.com.bo
http://cutt.ly/javiergomez y republicado el 30/6/2025 en http://infodecom.net
https://infodecom.net/javier-gomez-graterol-sobre-la-virginidad-parte-5/

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